La violencia estalla cuando se produce la irrupción abrupta de aquello que quedó excluido del discurso.

Aquello que no encuentra su expresión mediante la palabra, surge en diferentes formas de presentación, que no se limitan exclusivamente al golpe, abuso o maltrato físico.

El hombre debe renunciar a satisfacer deseos inmediatos para poder vivir en comunidad... “Lo que discernimos acerca de las pulsiones sexuales vale por igual respecto de las pulsiones de agresión. -decía Freud- Son sobretodo estas últimas las que dificultan la convivencia humana y amenaza su perduración: que limite su agresión es el primer sacrificio y acaso el más duro que la sociedad tiene que pedir al individuo.

Pensamos, que para que alguien demande un análisis se hace imprescindible la implicación en la problemática  en cuestión. En nuestra experiencia esto se logra a través de un proceso terapéutico.

En la familia en consulta siempre alguien se siente aliviado y está allí esperando poner en palabras algo de su sufrimiento, pero el resto de los integrantes acude, la más de las veces “traído” por ese alguien. Generalmente el portador del síntoma, como también aquel integrante que más tiene que ver con la desestabilización del grupo familiar, presenta resistencias a asistir y está muy lejos de aceptar o disponerse a iniciar un tratamiento personal.

Se trata siempre del caso por caso, pero en lo que confluyen los relatos familiares es en el particular corrimiento de las figuras de una madre, un padre, un hijo. 

 

Cuando se presentan casos que han llegado a la judicializacion, pensamos que  son familias en las que algo de

la dinámica interna falló en su operatoria, en esa misma necesidad de apelar a la ley jurídica se muestraque hay un grupo en estado de orfandad, que la función de los roles  determinados ha dejado de tener su efecto ordenador y protector. Nuestro lugar tiene que ver con poder escuchar, e instrumentar dispositivos que permitan el pasaje de la queja, a la demanda  de análisis o al menos a abrir un espacio para la implicación subjetiva y la vehiculización de la palabra.

Con nuestra intervención  se intenta descubrir  los puntos, en que cada  familia niega y protege los síntomas que la estabilizan.

Campo propicio en el que se juegan las pasiones mas arcaicas.

Espacio donde cada uno intenta saldar las deudas afectivas que trae de su historia.

Lugar en el que se repiten las demandas de amor, las competencias, los celos, las rivalidades, generando, a veces en forma de espejo una particular fascinación en la pelea, que se les torna insoportable tanto como inevitable.

Fuente privilegiada de los malos entendidos

Cuando la pareja esta en esa posición no puede escuchar otras voces, los hijos desaparecen de ser centro de atención o son utilizados como botín de guerra, o colocados en situaciones de riesgo y desprotección.

La pareja, como pilar que sostiene la familia debe requerir una especial atención como pasaje necesario en las dificultades vinculares.

La elección sexual no determina los roles y funciones que se juegan en la relación de pareja.

Es por esto que atendemos indistintamente parejas heterosexuales, homosexuales, etc.

Cuando decimos Grupo habitualmente aparece la relación con Grupos de Reflexión, con una indicación a un paciente que no está socializado, con alguien que se encuentra solo o aislado, con un grupo social, o sino con los grupos de autoayuda y los diferentes grupos de “los”o sea aquellos que  se unen por presentar el mismo síntoma. La implementación de estas modalidades de trabajo son útiles  en determinadas etapas de un paciente,…pero, existen otro tipo de grupos.

Los grupos en análisis. Se trata de un dispositivo que posibilita  capitalizar aquello que ofrece el grupo, como primer momento, tal como lo es la identificación,  la especularidad, y la proyección de los conflictos de uno en el otro, para avanzar hacia otro plano, y producir efectos de análisis en cada sujeto. Conforman espacios de palabra en los que, lo que uno dice, sirve como disparador en el otro y permite  profundizar en los aspectos más complejos de cada integrante. El paciente, que siempre dice más de lo que cree decir, se descubre en fallidos, malos entendidos, y en asociaciones de las que no pensaba hablar. Este movimiento permite al analista intervenir en los conflictos anudados de la historia de cada sujeto.