Pensamos, que para que alguien demande un análisis se hace imprescindible la implicación en la problemática  en cuestión. En nuestra experiencia esto se logra a través de un proceso terapéutico.

En la familia en consulta siempre alguien se siente aliviado y está allí esperando poner en palabras algo de su sufrimiento, pero el resto de los integrantes acude, la más de las veces “traído” por ese alguien. Generalmente el portador del síntoma, como también aquel integrante que más tiene que ver con la desestabilización del grupo familiar, presenta resistencias a asistir y está muy lejos de aceptar o disponerse a iniciar un tratamiento personal.

Se trata siempre del caso por caso, pero en lo que confluyen los relatos familiares es en el particular corrimiento de las figuras de una madre, un padre, un hijo. 

 

Cuando se presentan casos que han llegado a la judicializacion, pensamos que  son familias en las que algo de

la dinámica interna falló en su operatoria, en esa misma necesidad de apelar a la ley jurídica se muestraque hay un grupo en estado de orfandad, que la función de los roles  determinados ha dejado de tener su efecto ordenador y protector. Nuestro lugar tiene que ver con poder escuchar, e instrumentar dispositivos que permitan el pasaje de la queja, a la demanda  de análisis o al menos a abrir un espacio para la implicación subjetiva y la vehiculización de la palabra.

Con nuestra intervención  se intenta descubrir  los puntos, en que cada  familia niega y protege los síntomas que la estabilizan.